miércoles, 3 de diciembre de 2014

Los primeros destellos del Universo

“La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Esta famosa frase es autoría de un químico francés llamado Antoine Lavoisier, quien vivió en el siglo XVIII. Desde entonces han sucedido muchos descubrimientos sobre la naturaleza de la materia y ahora sabemos que cuando se compone y se descompone en sus diferentes partes libera cierta cantidad de energía. Es así que todas las cosas que suceden en el Universo dejan una huella de energía y, con los instrumentos adecuados, el humano ha aprendido a rastrear esas huellas.
Un astrofísico norteamericano llamado George Smoot ideó un instrumento que serviría para rastrear las huellas energéticas de los primeros cambios de temperatura que surgieron en el Universo a tan sólo unos cientos de miles de años de que ocurriera la gran explosión, o Big Bang, que le dio origen. Estos cambios provocaron que toda la materia que existía en el universo comenzara a agruparse y a formar los astros que ahora vemos.

La idea de Smoot consistía en medir la energía que portaban ciertas microondas que se creía que provenían desde aquellos tiempos remotos, para luego relacionar la con la temperatura del objeto del que debían provenir. Esta radiación, aunque es muy débil, está presente en cada centímetro cúbico del espacio, por lo que se llama Radiación de Fondo de Microondas.

George Smoot propuso su idea a la NASA a finales de los años setenta y se diecidió incluir su experimento dentro del satélite COBE (las siglas en inglés para Explorador de Fondo Cósmico). Además del detector de Smoot, llamado Radiómetro Diferencial de Microondas (DMR), el COBE incluía dos sensores de rayos Infrarrojos muy potentes. La nave que transportada al satélite fue lanzada el 18 de noviembre de 1989 y reportó las primeras mediciones del DMR en abril de 1992.

Al relacionar la energía de la radiación de microondas, con la temperatura del objeto que las podría haber creado, se descubrió que coincidían con las predicciones que se habían hecho sobre la temperatura que debían poseer si en verdad provinieran de los inicios del Universo. Gracias a sus estudios con el DMR, George Smoot ganó el Premio Nobel de física en el año 2006.

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