viernes, 5 de diciembre de 2014

México, un escalón más arriba

A más de cuatro kilómetros sobre el nivel del mar, en uno de los puntos más altos de México, se encuentran las instalaciones del observatorio HAWC (High-Altitud Water Cherenkov). No es un observatorio como los que salen en las películas, con una gran bóveda y un telescopio gigante. El observatorio HAWC no está hecho para percibir la luz que se ve con un telescopio de lentes, sino que se especializa en detectar y analizar rayos gamma, los cuales se caracterizan por poseer millones de veces más energía que la luz visible.

Cada segundo la tierra es bombardeada por rayos gamma y partículas subatómicas que viajan en los límites de la velocidad de la luz. Esta radiación, llamada radiación cósmica debido a su origen espacial, es tan potente que al hacer contacto con el aire de nuestra atmósfera provoca una serie de colisiones que generan una cantidad inmensa de energía, la cual es capaz de crear nuevas partículas de materia en el camino. Estas nuevas partículas, a su vez, colisionan con otros elementos de la atmósfera y repiten el fenómeno en cadena.

Los últimos productos de estas colisiones en cadena llegan hasta la tierra y, con ayuda de los instrumentos adecuados, pueden ser medidos y analizados para determinar la velocidad y la dirección del rayo o partícula que les dio origen varios kilómetros más arriba. El conocimiento de la naturaleza de estos fenómenos nos ayudará a comprender mejor las leyes que rigen al Universo.

Se sabe que cada rayo gamma, al interactuar con el aire atmosférico, es capaz de generar dos partículas muy características; una es un electrón y la otra es su equivalente de carga eléctrica contraria: un positrón. Estas partículas son capaces de crear por su cuenta un nuevo rayo gamma similar al original pero con una energía un poco menor. Este tipo de reacciones en cadena, a diferencia de las creadas por otros tipos de rayos cósmicos con menor energía, pueden extenderse hasta alcanzar un área de varios kilómetros cuadrados y que incrementa conforme desciende a la tierra haciendo más complicado analizar su origen.

El observatorio HAWC está equipado actualmente con más de 100 tanques cerrados y llenos con 180,000 litros de agua ultra-pura. En el fondo de cada uno se encuentran cuatro detectores muy sensibles capaces de percibir la fugaz radiación que emite un rayo cósmico al entrar en contacto con el agua. Esta radiación, llamada radiación de Cherenkov, surge debido a que el rayo cósmico en esas condiciones viaja más rápido que la luz, pues ésta es frenada por el líquido.

Aunque esta tecnología ya existía y se había implementado en otros lugares del mundo, el observatorio HAWC está planeado para poseer una capacidad de percepción mayor que sus antecesores. Esto se debe en parte a su tecnología de punta, pero también por su particular localización, a 4100 metros de altura entre el Pico de Orizaba y el volcán Sierra Negra, en Puebla y muy cerca del límite con Veracruz.

El observatorio HAWK, al estar a una altura tan elevada, puede percibir con mayor facilidad las lluvias de partículas y rayos gamma con menor potencia que normalmente se extinguen antes de tocar la tierra. La suma de estas características permite que se enfoque en analizar rayos gamma en un rango de energía mucho más amplio que los demás y sea capaz de abarcar la mitad de todo el cielo del planeta en el lapso de un día entero.

El complejo incluye un total de 300 detectores de agua de siete metros de diámetro y cinco de alto, distribuidos en un área de 22,000 metros cuadrados. A partir del primer día de agosto de 2012, el observatorio comenzó a operar con los primeros 111 tanques instalados pero alcanzó su capacidad total de funcionamiento hasta marzo de 2015.


En su construcción y operación participaron numerosas instituciones de México y Estados Unidos entre los que se encuentran: el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a través del Instituto de Astronomía, el Instituto de Ciencias Nucleares, el Instituto de Física, y el Instituto de Geofísica; la Universidad de Maryland, la Universidad de Nuevo México y el Laboratorio Nacional Los Álamos.

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