En un lugar de la frontera
que divide Francia y Suiza, se encuentra el Gran Colisionador de Hadrones (o
LHC por su nombre en inglés), el instrumento científico más grande, complejo y
costoso que ha construido la humanidad hasta la fecha. Paradójicamente, su
principal propósito es observar y analizar las partículas más pequeñas del
Universo. Éste fue creado por el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares
(CERN) en colaboración con más de 20 países, incluyendo México.
Pero vamos por partes. ¿Qué
es un colisionador? Como su nombre lo indica, es un aparato que hace chocar dos
o más partículas entre sí con mucha fuerza. En el LHC se aceleran y colisionan
protones, los cuales son uno de los dos tipos de partículas que componen el
núcleo de los átomos, además de iones de plomo, que son átomos de plomo pero
cargados eléctricamente. Esto se hace con el fin de generar suficiente energía
para crear partículas más pequeñas y evasivas que sólo aparecen en esas
condiciones. Pero, para lograr esa energía es necesario que los protones
alcancen una velocidad muy cercana a la de la luz, es decir, a casi
1,080,000,000 kilómetros por hora. Tal velocidad equivale a dar siete vueltas y
media a la tierra en sólo un segundo.
Para lograr las velocidades
que se requieren en los experimentos, en el LHC se aceleran dos pequeñas nubes
de protones en direcciones contrarias, a lo largo de un par de conductos
circulares que me miden casi 27 kilómetros de largo. Esta aceleración se genera
por medio de poderosos imanes que requieren trabajar a temperaturas
extremadamente frías. Para poder controlar las condiciones de los imanes y
otros componentes delicados, el Gran Colisionador de Hadrones se encuentra
enterrado a más de 100 metros de profundidad. Definitivamente es algo grande.
Pero, ¿y qué es un hadrón?
Un hadrón es una partícula compuesta de otras más pequeñas e indivisibles
llamadas quarks. Existen dos tipos de hadrones: los bariones y los mesones,
compuestos de tres y dos quarks respectivamente. El protón es un barión. Cuando
dos hadrones chocan uno contra otro con suficiente fuerza, se concentra tanta
energía a su alrededor que se crean partículas muy exóticas, las cuales nos
pueden revelar información sobre cómo se compone todo lo que existe en el
Universo.
Normalmente las partículas
que resultan de una colisión de este tipo salen disparadas en todas direcciones
a velocidades impresionantes. Para lograr capturar toda esa información que se
esparce y desparece en pequeñísimas fracciones de segundo, es necesario
utilizar grandes detectores compuestos de múltiples instrumentos sumamente
complejos. Los detectores más importantes del LHC son cuatro y se llaman:
ATLAS, CMS, ALICE y LHCb. El primero es
el más grande, es tan largo como la mitad de un campo de futbol y tan alto como
una ballena azul medida de la nariz a la cola. Estos detectores están colocados
en cuatro puntos clave donde los dos tubos que conducen las nubes de hadrones
se cruzan y generan las colisiones cuando han alcanzado la velocidad deseada.
México ha participado en la
construcción y control del LHC desde el inicio. Algunas partes del detector
ALICE fueron creadas y fabricadas en nuestro país por instituciones de la
Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional.
Además, la UNAM trabaja actualmente en lo que se conoce como GRID, que es una
red de información similar a la Internet pero con una capacidad mucho mayor de
procesamiento, y está siendo utilizada para intercambiar y almacenar
información proveniente de los experimentos del CERN con ayuda de computadoras
ubicadas en distintas partes el mundo.
Suena complejo y lo es aún
más de lo que parece pues, aunque ya se ha confirmado su existencia después de
casi 50 años de espera, aún falta precisar qué tipo de Bosón de Higgs se
encontró. Según algunas teorías podrían existir hasta seis tipos diferentes de
ellos. De ser así será necesario incrementar la fuerza de la colisión en el LHC
para descubrir el resto.
Aún son muchos los misterios
que hay por descubrir sobre la composición y el funcionamiento básico del
Universo, pero los avances tecnológicos que ha logrado la humanidad nos acercan
paso a paso hacia ellos. El Gran Colisionador de Hadrones es un gran logro y
vale la pena seguir atentos a todo lo que ocurre ahí.
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