Hoy mismo por la tarde abordé El camino del periodista de un autor mexicano cuyo nombre no recuerdo y la maestra no se molestó en fotocopiar junto con su texto. Como su nombre lo advierte, es un libro para frikis del periodismo.Es la bitácora profesional del autor mismo desde los accidentados inicios de su carrera: los viajes improvisados para buscar noticias, gajes para cazar contactos, mañas para conseguir entrevistas ruidosas, bla, bla, bla... La base de todo reportaje.
Quiera o no, tengo que saberlo, pero la verdad no quiero. No me malentiendan, amo la carrera pero ojalá nunca tenga que ser reportero para ganarme la vida. A mi parecer no eres más que un cable para mandar señales, sin identidad, sin uso de creatividad. Así se empieza invariablemente, y la inmensa mayoría en eso se queda toda su carrera. Yo paso.
En fin, al menos la lectura es muy ligera y envolvente. No me provocó mareos aún cuando tomé el metro en Revolución a la hora pico y no alcancé asiento para leerlo cómodamente.
Cuando el convoy comenzó a disminuir su velocidad aproximándose a la siguiente estación vi de reojo que se desocuparon dos lugares. Despegué por fin la mirada de las hojas y me apresuré a sentar mi enclenque humanidad en uno de ellos. De pronto todos al rededor me miraron raro, algunos incluso torcieron la boca. Miré discretamente a la periferia para ver si es que le había robado sin querer el asiento a un ancianita o a un discapacitado, pero no, y de todos modos aún había otro libre. ¿Qué diablos les pasaba?
Pensaba regresar mi atención a mi fardo de copias pendiente cuando arribamos a la estación y ¡resulta que ya estábamos en la terminal! Sí que es una lectura ligera...
Con todo esto sólo quiero reafirmar mi sugerencia pasada: lean. Ahora ya saben que sirve muy bien para saltarse esos incómodos momentos de la vida como el viaje en metro a la hora pico.
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