viernes, 2 de julio de 2010

La página en blanco

Soy humano y, como tal, vivo con muchos miedos. Soy humano y, como tal, tengo un nombre. Mi nombre es Daniel.

Soy Daniel y soy un humano joven que, como tal, tiene un futuro muy incierto y uno de mis miedos más grandes en este momento es el de dar el siguiente paso hacia él. No es porque no quiera avanzar o no quiera conocer ese futuro, sino porque afortunadamente mis padres me han proporcionado muchas facilidades para que, al llegar a la toma de esta decisión, tuviera la libertad de escoger entre varias posibles direcciones por las cuales continuar mi camino y temo no tomar la mejor. He estado prolongando la toma de esa decisión por varias semanas, y mis padres, con la intención de motivarme, me han enfrentado a las posibles consecuencias de continuar retrasándolo.


Hace ya varios años, surgió en mí el deseo de ser escritor, y aunque con el paso del tiempo he ido descuidando esa meta, sí la he seguido lo suficiente para enfrentarme más veces que la mayoría de las personas a una página en blanco; uno de los miedos más comunes con los que viven los que toman el camino de la escritura. Hoy, al tomar unas hojas en blanco y sentarme frente a ellas con intención de comenzar a trazar las rutas disponibles hacia mi futuro, recordé ese viejo miedo, sólo que esta vez lo recibí con una sonrisa.

Al ver una hoja en blanco me di cuenta de que los humanos vivimos con tantos miedos tan constantes que terminamos acostumbrándonos a ellos. Eso no significa que todos siempre vivan paralizándose por sus miedos. Evidentemente la gran mayoría no sólo aceptan sus miedos sino que aceptan también el enfrentarlos y se acostumbran a ello. Incluso parece haber personas que dedican toda su vida a enfrentar miedos, ya sean los de siempre o vayan buscando diferentes cada vez. Hoy me di cuenta que mi inconstancia me había hecho desacostumbrarme al miedo de la página en blanco y ahora que volví a recordarlo no lo pude tomar como de costumbre, no me paralicé, no lo dudé, ni siquiera lo enfrenté propiamente pues dejó de parecer una amenaza. Lo que hice fue recibirlo como a un viejo amigo.

La página en blanco de pronto dejó de ser un obstáculo y se convirtió en el detonante de todas las ideas que le están dando forma a este escrito; ideas que deseaban salir con tanta fuerza que dejé a un lado el mapeo de mis posibles rutas de acción para, en su lugar, dar el siguiente paso hacia uno de mis primeros y más emocionantes objetivos: ser escritor. No me había dado cuenta de lo mucho que extrañaba una página en blanco y que ahora al verla, en vez de darme miedo, me emociono al sentir la capacidad, la posibilidad y la oportunidad de vaciar en ella alguna de las muchas ideas que pasan por mi cabeza y que desean salir desde hace mucho tiempo. Me emociona la libertad que me brinda el comenzar a llenarla, el placer de ir armando cada una de las palabras y la incertidumbre de cómo quedará al final.

Soy Daniel, un joven que, entre otras cosas, quiere ser escritor y que gracias a sus padres tiene la capacidad, la posibilidad y la oportunidad de ser eso y mucho más, pues tiene ante sí una enorme página en blanco que hoy decidió comenzar a llenar: su vida.

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