lunes, 20 de febrero de 2012

Res decôris



Es bien sabido que la naturaleza es sabia, es decir, no cualquiera pone en marcha un universo entero sólo con unas cuantas fórmulas matemáticas… Pero lo que no todos atienden es que también tiene buen gusto.

Más allá del encanto que envuelve a casi cualquier cuerpo humano limpio y desnudo con su ilusión de simetría, sus proporciones, sus texturas y otros cuantos sensuales etcéteras; la naturaleza cuidó hasta los más mínimos detalles de las formaciones nebulosas, de la pelecha canina, de los gajos cítricos… En fin, dejó todas las señas necesarias para que hasta el más vil barbaján como su servidor se percatara, incluso con la simple degustación de una naranja, de la genialidad que lo rodea y de la que es parte.

He aquí una jugosa lección de humildad y un colorido llamado al respeto por la creación de esa energía, fuerza o voluntad suprema que hizo posible todo esto y nos dio la oportunidad de apreciarla.

Todo lo que hoy como humanos podamos apreciar, aprender o documentar, en algún momento desaparecerá, así sea porque se extinga una especie por nuestra culpa, muera nuestro sol antes de que escapemos del sistema o simple e inevitablemente porque vuelva a colapsar el universo. Lo que se puede hacer ahora es disfrutar nuestro propio momento.


Como seres humanos estamos condenados a desaparecer, como seres vivos estamos condenados a morir, pero seguramente siempre habrá alguien o algo en algún otro tiempo y lugar que deseará comunicar sus descubrimientos sobre la estética natural. A cada quién lo que le corresponda; hoy me corresponde a mi, a saber qué pasará después en otro tiempo y en otro espacio.

Hoy comunico mi deseo de que sean eternos los fractálicoscúmulos de vapor, que sean fértiles las verdes vegetaciones, que sean prósperas las criaturas de suave pelaje y que exista siempre al menos una especie capaz de apreciar y expresar el buen gusto de lo natural. Qué mejor si la variante femenina de esa especie, limpia y desnuda, es tan especialmente bella como la nuestra.

La cultura de mi tiempo y lugar ha creado la palabra “gracias” para dedicarla a la naturaleza por todo lo que ha hecho, a las mujeres por existir y a ti por usar un ápice de tu momento en leer esto. ¡GRACIAS!

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