sábado, 10 de noviembre de 2012

Les femmes

Amo a las mujeres, al menos la 95% de ellas. Las amo por el simple hecho de serlo, sin importar edad o físico. Si son pequeñas son tiernas, si son jóvenes son guapas y divertidas, si son maduras son inteligentes y románticas, si son mayores son interesantes. O así es generalmente pero incluso muchas veces esas virtudes se llegan a combinar y exaltar dentro de una sola. Ya sean delgadas, frondosas o llenitas, sean altas o bajitas, rubias o morenas, frágiles o fuertes, casi todas para mi son atractivas, y unas cuantas que no lo son sí siguen siendo dignas de mi afectuoso respeto.


Odio a los misóginos por mil razones, principalmente por ignorantes. Es tan así que a pesar de lo divertido y emocionante que es el cómic de Scott Pilgrim, le tengo cierto resentimiento por su indigno trato a los personajes femeninos aún si no hay violencia o insultos directos. Y odio aún más a los que llevan ese trato indigno más allá de la sutileza de Scott: odio aún más a los machistas.


A estos últimos los detesto principalmente por dos razones. Obviamente la primera es por no tener ni la vergüenza para intentar reprimir su indecencia y su estupidez maltratando a las mujeres. La otra razón, aunque es menor, es muy importante, y es que por culpa de los machistas nació un grupo de gente que se ha dedicado a matar la natural idolatría a la mujer por desestimar su libertad. Esta gente se hace llamar feminista y a mi parecer es tan dañino su extremo como el otro que le dio razón de ser.

No tendría tanto problema si esos dos grupos sólo se pelearan entre ellos pero desafortunadamente ya han influido tanto en la sociedad que, más que respeto, se ha generado entre los géneros incómoda rivalidad. Yo pienso que no tenemos que compararnos ni tampoco tenemos que ser iguales. Claro que somos diferentes física y psicológicamente, personal y socialmente, cada quién tiene su lugar y no por eso tenemos que estar separados.

Así sean machistas o feministas, me declaro en contra de todo aquel que no entienda que, naturalmente, el hombre es más fuerte, que la mujer es más cuidadosa, que el hombre es más prepotente, que la mujer es más irritable... La naturaleza lo dicta y a fin de cuentas somos animales.

El sexismo es un mal auténtico de la degeneración humana. El que tengamos esas diferencias naturales no significa que el sexismo sea cosa natural. Miren por ejemplo a las leonas que son las encargadas de cazar, de criar a los cachorros, de alimentar al león... ¿Acaso los leones son machistas? No, porque los leones jamás de aparean sin el estricto consentimiento de la hembra, no hay abuso ni violencia. Cada quien en su lugar. Algunas arañas, por ejemplo, devoran al macho después de procrear y entre los suricatos la matriarca manda sin ser precisamente la más fuerte. ¿Son feministas? Lo dudo mucho, solamente entienden que cada quien está en su lugar, así es lo natural.

Ahora, entre nosotros que somos humanos, que tenemos moral y ética, esto debería ser mejor y más fácil. ¿Pero porqué no? La comunicación y la cultura deberían aligerar las cosas. Digo, el hombre regala rosas: sí, yo no le veo el insulto. La mujer se viste sensual: sí, no sé a qué mujer no le gusta verse bien. Y si la mujer en el matrimonio quiere trabajar o atender permanentemente a sus hijos es su decisión y en ella queda, no hay que etiquetarla de rebelde si se ocupa fuera del hogar, es estúpido, tan estúpido como etiquetar entonces al esposo de mantenido. Equilibrio y paz, no pido más.

Amo al 95% de las mujeres, el 5% restante es una mezcla de mujeres sin valores (como muchos hombres) y mujeres feministas, radicales cual machistas.

lunes, 20 de febrero de 2012

Res decôris



Es bien sabido que la naturaleza es sabia, es decir, no cualquiera pone en marcha un universo entero sólo con unas cuantas fórmulas matemáticas… Pero lo que no todos atienden es que también tiene buen gusto.

Más allá del encanto que envuelve a casi cualquier cuerpo humano limpio y desnudo con su ilusión de simetría, sus proporciones, sus texturas y otros cuantos sensuales etcéteras; la naturaleza cuidó hasta los más mínimos detalles de las formaciones nebulosas, de la pelecha canina, de los gajos cítricos… En fin, dejó todas las señas necesarias para que hasta el más vil barbaján como su servidor se percatara, incluso con la simple degustación de una naranja, de la genialidad que lo rodea y de la que es parte.

He aquí una jugosa lección de humildad y un colorido llamado al respeto por la creación de esa energía, fuerza o voluntad suprema que hizo posible todo esto y nos dio la oportunidad de apreciarla.

Todo lo que hoy como humanos podamos apreciar, aprender o documentar, en algún momento desaparecerá, así sea porque se extinga una especie por nuestra culpa, muera nuestro sol antes de que escapemos del sistema o simple e inevitablemente porque vuelva a colapsar el universo. Lo que se puede hacer ahora es disfrutar nuestro propio momento.


Como seres humanos estamos condenados a desaparecer, como seres vivos estamos condenados a morir, pero seguramente siempre habrá alguien o algo en algún otro tiempo y lugar que deseará comunicar sus descubrimientos sobre la estética natural. A cada quién lo que le corresponda; hoy me corresponde a mi, a saber qué pasará después en otro tiempo y en otro espacio.

Hoy comunico mi deseo de que sean eternos los fractálicoscúmulos de vapor, que sean fértiles las verdes vegetaciones, que sean prósperas las criaturas de suave pelaje y que exista siempre al menos una especie capaz de apreciar y expresar el buen gusto de lo natural. Qué mejor si la variante femenina de esa especie, limpia y desnuda, es tan especialmente bella como la nuestra.

La cultura de mi tiempo y lugar ha creado la palabra “gracias” para dedicarla a la naturaleza por todo lo que ha hecho, a las mujeres por existir y a ti por usar un ápice de tu momento en leer esto. ¡GRACIAS!