sábado, 10 de septiembre de 2011

Sputnik, tu amor

Es la una y media de la mañana y

ya debería haberme comenzado a dar sueño pero, previendo que esta noche leería mucho, hace unas horas tomé una tasa de café ligeramente cargado. Estoy tumbado boca arriba en mi cama, vestido aún con mis fachas domingueras, iluminado a medias con la mediocre luz de mi lámpara de mesa y con el celular en la mano comienzo a escribir.


Qué mejor lugar y momento para hacerlo que aquí y ahora. Sumergido en el pleno silencio de mi tranquila colonia, con la puerta de mi habitación cerrada y a un costado mío el libro Sputnik, mi amor, el último préstamo que saqué de la biblioteca Vasconcelos el viernes pasado.

Recién acabé de leerlo. No ha pasado ni media hora desde que lo cerré por la contraportada y, a pesar de que la cabeza se me enfrió bastante al comenzar a teclear esto, aún siento una extraña sensación en todo el cuerpo, eco de todas las emociones que me arrancó su lectura. Es una mezcla entre cosquillas y escalofrío: como cuando sientes que alguien te sigue o (si ustedes no padecen paranoia y esquizofrenia) cuando alguien sorpresivamente llega por detrás de ti y te pone una mano en la espalda.

Sputnik, mi amor es un libro como nunca antes había leído. Quiero decir, sé que no soy un lector veterano, no soy la cultura encarnada ni un alto exponente de la crítica literaria, pero... No necesitas ser un experto en la cocina para saber que la sal es salada y el azúcar dulce. Quiero decir: sin ser un buen cocinero, puedo darme cuenta de que Sputnik, mi amor es harina de un costal diferente al de la gran mayoría de la literatura que se encuentra en las estanterías mexicanas, e incluso me aventuraría a decir que de las estanterías de todo occidente. Y es que, sépanlo ustedes si aún no lo saben que el libro al que me he referido esta noche es autoría de un fulanillo llamado Haruki Murakami. Sí, japonés.

Sputnik, mi amor es la quinta novela oriental —entiéndase japonesa— que he leído y, aunque estoy casi seguro de que cualquier persona no-mongoloide se da cuenta de que se enfrenta algo de otro mundo cuando tiene su primer contacto con literatura de este tipo, esta novela en particular (y probablemente todas las de Murakami) te lleva a un universo especialmente alienado a nuestra costumbre.


Con esta novela, narrada desde el punto de vista de un maestro de primaria enamorado, llegas a un universo literario tan vivo que cada página piensa, siente, reflexiona, sufre, se desespera o se excita a la par que tú. Te sumerge en un universo tan humanamente sensible, donde una joven puede enamorarse de una mujer madura a primera vista de una manera tan natural, sincera y profunda, que te hace preguntarte cómo funciona el amor verdaderamente. Exploras un universo tan audaz que los protagonistas mismos, azotados por diversas experiencias extrasensoriales, pueden incluso llegar a poner en duda con completo desdén la autenticidad existencial de un personaje impreso en un libro. Una mordaz y exquisita contrariedad, signo inequívoco de vitalidad. Experimentas un universo tan fantástico que te hace comprender por qué un solo mundo no es suficiente para explicar la compleja dualidad del espíritu humano. El libro representa en sí mismo un universo tan exacto que su final ejemplifica de la mejor manera cómo una conclusión suele ser siempre un principio más.

En fin... ¿Qué te puedo decir yo que no logro pasar de los cuatro libros promedio al año? ¿Yo que soy tan quisquilloso y le rehuyo a tantos géneros literarios? ¿Yo que he pasado la mitad de mi vida adolescente pegado a una televisión o a una computadora? Te puedo decir que todo ese tiempo que aparentemente desperdicié consumiendo animación japonesa ha despertado en mi con el tiempo una muy fuerte inquietud/curiosidad/fascinación por esa inquietante, curiosa y fascinante cultura tan diferente a la mía y seguramente también a la tuya. Y hoy día esas fuertes emociones, ahora más centradas y controladas me han llevado a investigar y aprender sobre lo que en verdad significa vivir en un mundo [diría SKA-P] multiracial y multicultural. He comenzado con toda humildad y respeto a darme cuenta de lo que dos razas tan abismalmente distintas como la japonesa y la nuestra pueden criticarse y también admirarse la una a la otra hasta el punto de comprenderse y complementarse.

Puedo decirte que si alguna vez te das la oportunidad de leer alguna novela asiática, alguna novela japonesa, alguna novela de Murakami... Si alguna vez te das la oportunidad de leer Sputnik, mi amor no te será indiferente, te marcará así como me marcó a mi. Al final, cuando cierres la contraportada, en tu cama por la noche, te entrarán unas ganas asesinas de criticarla o bien de admirarla con fervor, eso sólo depende de qué tipo de occidental seas. Ojalá te des la oportunidad de sentir esa esquizofrénica sensación. Solo puedo decirte que tener contacto con otras culturas a un nivel como el que te permite Murakami, de uno u otro modo, siempre deja algo bueno.


Tal vez mi descripción sobre su argumento fue muy ambigua, lo siento, no me atrevo a decir más, es una narración esencialmente subjetiva y es mejor que ustedes interpreten los hecho a su antojo. Eso sí, quedan advertidos de que contiene algunos pocos párrafos de... digamos... erotismo; por favor no dejen llevarse por la idea de que es solo a propósito de morbosidad. Es imposible mantener la mente fría al correr de sus páginas, y está bien, déjense llevar, nadie los va a juzgar, así notarán la evolución y allí radica la acidez que engendra al escalofrío.

Por último: me parece que en México se consigue más fácilmente por las colección Andanzas de editorial Tusquets. Esa fue la que conseguí yo y no le vi ningún problema. Cómprenla o acudan a la biblioteca, suele estar muy a la mano. Y pues recomendada está.